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Publicado: 02-03-2006
El 8 de marzo de 1933 nacía en Salamanca la que iba a ser una de las figuras más importantes de la ecología española: Fernando González Bernáldez.
Aunque las presiones familiares le hicieron cursar en su ciudad natal los estudios de Derecho, su verdadera vocación se encontraba en la biología. Por eso, en 1953, marchó a Madrid para estudiar Ciencias Biológicas, en las que obtuvo la licenciatura en 1959.
Muy pronto se incorporó a los estudios ecológicos; sus primeras investigaciones las realizó, durante los años 1961-62, en ecofisiología vegetal, en el Laboratorio de Fontainebleau de La Sorbona que, a la sazón, dirigía el profesor G. Lemée. De regreso a nuestro país, en 1962, defendió su tesis doctoral sobre “La medida del potencial hídrico de las plantas. Sus aplicaciones agrícolas”.
Estuvo trabajando, como Becario primero y Colaborador después, en el Instituto de Edafología y Biología Vegetal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, del que fue jefe de la Sección de Ecofisiología. Fue una época en la que realizó aportaciones muy originales que daban una explicación ecofisiológica de la vida vegetal tomando del ambiente unos pocos parámetros de referencia.
En 1970 marchó a la Universidad de Sevilla como catedrático de Ecología, la segunda cátedra de la especialidad que se creó en España; la primera estaba en Barcelona y fue instituida y ocupada, en 1967, por Ramón Margalef (1919-2004). Son los años en los que el catedrático salmantino realiza importantes investigaciones sobre el territorio andaluz y especialmente sobre la Reserva Biológica de Doñana. De esta etapa de su vida son sus Estudios ecológicos en Sierra Morena (1976).
En 1976 llega a Madrid como catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma. Desde la capital realiza estudios significativos sobre algunos ecosistemas mesetarios: el Monte del Pardo y los humedales de las cuencas del Tajo y Duero, entre otros. Hay que recordar que sus trabajos sobre humedales le dieron un gran prestigio científico. En este sentido se puede destacar su obra de 1992: Los paisajes del agua. Terminología popular de los humedales.
Temporalmente abandonó su trabajo científico por el político y así, en 1984, fue nombrado subdirector general de Medio Ambiente del Ministerio de Obras Públicas y Transportes.
Durante su vida estuvo preocupado por el paisaje que entendía en su doble acepción de imagen (percibida, impresa, etc.) de un espacio y la de un conjunto de elementos de un territorio relacionados entre sí, fácilmente delimitables y visibles. Esto es, trataba el paisaje desde consideraciones ecológicas y psicológicas que rompieron con los conceptos de paisajes bellos y feos. Fruto de esta orientación son algunas de sus obras más significativas: Ecología y paisaje (1981), Invitación a la ecología humana. La adaptación afectiva al entorno (1985), etc.
En sus trabajos ecológicos se ocupó de las interacciones vegetación-agua, de las plantas como indicadoras de factores y procesos en el paisaje, de muchos aspectos de la ecología humana (percepción de la calidad ambiental, paisaje y comportamiento), de los sistemas de uso del territorio y transformación del paisaje y, finalmente, de la ecología aplicada a la planificación ambiental. Fue, en resumen, un pionero de la educación ambiental que consideraba necesaria para sobrevivir. El profesor González Bernáldez dijo de ella: “Es como la respiración para la sociedad”.
En 1988 recibió el primer Premio Nacional de Medio Ambiente, otorgado por el Ministerio de Obras Públicas. En 1992, cuando este mismo galardón le fue concedido a las asociaciones ecologistas en su conjunto, por iniciativa de ellas fue recogido por el profesor González Bernáldez, porque lo consideraron su representante. No en vano, el movimiento ecologista encontró en él una persona preocupada por los problemas que el ecologismo denunciaba y que él también exponía en foros universitarios y extraacadémicos.
En 1996, tres años después del fallecimiento del ecólogo salmantino, se creó, por iniciativa del Departamento Interuniversitario de Ecología de las universidades públicas madrileñas, la Fundación Fernando González Bernáldez. Es una Fundación sin ánimo de lucro que tiene la finalidad de sostener el funcionamiento del Centro de Investigación de Espacios Naturales “Fernando González Bernáldez”, así como de realizar actividades de investigación, formación, promoción y divulgación de las funciones de los espacios naturales y de todo lo que afecte a la progresiva mejora del medio ambiente, manteniendo y contribuyendo al desarrollo del legado intelectual de Fernando González Bernáldez en su triple compromiso con la investigación ecológica, la educación ambiental y la conservación de la naturaleza.
El 16 de junio de 1992 falleció en Madrid González Fernández. De él dijo su discípulo Francisco Díaz Pineda, catedrático de Ecología en la Universidad Complutense de Madrid desde 1981: “convencía a casi todo el mundo sobre la importancia de lo que debía hacerse, tanto en el terreno científico como en el de la conservación de la naturaleza, y terminaba rodeado de adeptos a lo uno y lo otro. Esto era así en el terreno del ecologismo nacional e internacional, en la aplicación de la ciencia que cultivaba a la problemática ambiental y en la propia interpretación de los resultados científicos de sus trabajos”.