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Los biólogos españoles

Francisco Teixidó Gómez

Jaime Pujiula Dilmé (1869-1958)

Publicado: 26-06-2009

El día 22 de agosto de 1869 nacía, en la localidad gerundense de Besalú, Jaime Pujiula Dilmé, uno de los biólogos más polifacéticos de la primera mitad del siglo XX: su vida científica la dedicó a la investigación biológica, principalmente en los campos de la citología, histología y embriología.

Vino al mundo en el seno de una familia numerosa (eran siete hermanos) de escasos recursos; ya trabajaba a los ocho años en una fábrica de cerillas de su ciudad de nacimiento y luego estuvo de barrendero en el Seminario de Gerona, donde terminó los estudios que había empezado en su pueblo natal.

En 1887 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en la localidad zaragozana de Veruela y en el curso 1892-1893 estudió Filosofía en Tortosa. Durante el periodo 1893-1895 marchó a Exaten y Valkenburg (Holanda) donde se inició en las Ciencias Naturales. En 1895 volvió a España y enseñó Historia Natural en el Colegio de los jesuitas de San José de Valencia. A partir de 1901 continuó sus estudios eclesiásticos en Tortosa y en 1905 se ordenó sacerdote.

De nuevo marchó al extranjero (1906) para aumentar sus conocimientos biológicos: estuvo en la Universidad de Innsbruck, la Estación Zoológica de Trieste y el Instituto Embriológico de Viena. En Innsbruck estudia, durante medio año, Zoología con el profesor Heider y Botánica con Heinricher. Marcha al Instituto Embriológico de Viena, que a la sazón dirige el profesor Wiesner, y durante un año y medio completa su tesis doctoral que titula “Die Frage der Riesenzelle bei der Entwicklung der Maus”, en la que demuestra el origen de ciertas células placentarias.

Antes de finalizar el verano de 1908 Jaime Pujiula regresa a España y ejerce como docente de Biología en el Colegio de la Compañía de Tortosa y se instala en un local de unos cuarenta metros cuadrados del edificio que se había construido en Roquetas. Esto era el germen de lo que en 1910 se convirtió en el Laboratorio Biológico del Ebro. En 1916, los centros docentes de Biología y Química ubicados en la población tarraconense se trasladaron a Barcelona, al barrio de Sarriá, y tomaron el nombre de Instituto Biológico de Sarriá e Instituto Químico de Sarriá respectivamente.

Pujiula fue el responsable durante muchas décadas del Laboratorio Biológico de Sarriá, que proporcionó conocimientos biológicos, principalmente de naturaleza microscópica, de carácter teórico-práctico. En un primer momento se enseñaba Citología general, Histología animal y vegetal, Embriología animal y Botánica descriptiva, más tarde se haría lo mismo con la Bacteriología y con los grandes problemas generales de la biología. Además, el Laboratorio Biológico admitía a especialistas que quisieran dedicarse a estudios de investigación personal. En este centro el jesuita de Besalú dio durante muchos años numerosos cursos de Biología en jornadas de trabajo intensivo.

Publicó muchos libros y artículos de naturaleza biológica. Entre los primeros hay que destacar, aparecido en 1914, la Citología. Parte teórica, a la que siguió muy pronto, en 1918, un grueso volumen complementario: Citología. Parte práctica, técnica y observación. Estos textos de tuvieron varias ediciones. Cuando ya había fallecido el biólogo gerundense apareció la cuarta edición de una de sus obras más significativas: Manual completo de biología moderna, macro y microscópica (1960), cuya primera edición se podía leer ya en 1921. Asimismo, hay que resaltar su Histología, embriología y anatomía microscópica vegetales, o sea los tejidos vegetales, sus orígenes y relaciones (1921) y, principalmente, los dos volúmenes sobre la Embriología del hombre y demás vertebrados (1922-23) que es, probablemente, la más importante de todas las que, con una orientación pedagógica, escribió el biólogo español.

Finalmente, hay que señalar que el jesuita gerundense también escribió en latín alguna obra para la enseñanza de asuntos de fisiología y anatomía humanas relacionados con la moral: De medicina pastorali recentiores quaestiones que sedem exploratum.

Su actividad fue incansable. Publicó un gran número de artículos científicos en diversas revistas, entre las que hay que destacar: Boletín de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, Boletín de la Sociedad Ibérica de Ciencias Naturales, Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Butlletí de la Institució Catalana d’Història Natural, Revista de la Real Academia de Ciencias de Madrid, Treballs de la Societat de Biologia, Razón y Fe, etc.

Participó en muchos Congresos de La Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (donde aparecían trabajos de los más importantes científicos españoles de su época); en 1908 ingresó en la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, más tarde Sociedad Ibérica de Ciencias Naturales, institución de la que en 1929 fue Vicepresidente y el año siguiente Presidente; ingresó, en 1921, en la que hoy es Real Academia de Medicina de Cataluña; entre 1925 y 1928 fue Presidente de la Institución Catalana de Historia Natural, de la que formaba parte desde 1917; era académico de la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales desde 1940; también fue miembro del Instituto Médico Valenciano, etc.

El jesuita fue una personalidad integrada en muchas de las manifestaciones españolas de los diferentes ámbitos de la biología, muy especialmente en los campos citológico, histológico y embriológico, en los que realizó numerosas investigaciones, aunque también fue uno de los primeros españoles que se ocuparon de las teorías de la herencia.

Se mostró contrario al evolucionismo a lo largo de toda su vida de una forma drástica, bien es cierto que aceptó algunos aspectos del darwinismo siempre que no fueran utilizados para explicar la aparición de la vida en nuestro planeta ni el origen del hombre. El padre Pujiula también se interesó por la paleontología y evolución humanas y algunos de sus trabajos sobre estos asuntos aparecieron en la revista Ibérica.

Pujiula rechazaba un origen natural de la vida, para lo que se basaba en los hechos, perfectamente demostrados por Pasteur y Tyndall, sobre la imposibilidad de la generación espontánea. Con ello consideraba que la obra de la Naturaleza es dependiente de su Creador.

Finalmente, el jesuita de Besalú, se adentró, en los últimos años de su vida, en la psicofisiología. Así, la revista Ibérica publicó, en 1953 y 1955, dos trabajos suyos sobre los reflejos condicionados en los que explicaba que este aprendizaje era similar en el hombre y en el resto de los animales.

Falleció en Barcelona el 15 de diciembre de 1958.

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